2 de julio de 2014 - Intervención en el Institut d'Estudís Catalans de Barcelona

Con motivo del quincuagésimo aniversario de la publicación del bestseller "Los otros catalanes", la Fundación Paco Candel organizó a lo largo del año 2014 una serie de manifestaciones en honor del escritor y el dos de julio tenía lugar una conferencia titulada "Francesc Candel i la seva obra" en la que este su servidor pronunció la siguiente alocución en presencia de la hija y de la ultima compañera del autor, fallecido en 2007.

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Una aproximación desde Bretaña al autor de « Els altres catalans »

Muy Honorables Señores Presidentes y Directores, Estimada Maria, Señora Gardés, Apreciados amigos, Señoras y señores:

Para el tímido que soy, no es poca cosa estar aquí. Les ruego disculpen mi incapacidad para tomar la palabra en catalán y el acento francés que pueda aparecer.

Pues bien, jamás de los jamases hubiera pensado tomar la palabra algún día ante tal asamblea y en tan prestigioso lugar.

Primero, quiero dar las gracias de regla a cuantos han permitido este « pequeño milagro », a saber, por orden inverso de aparición en mi vida:

— al Institut d’Estudís Catalans y su filial, la Societat Catalana d'Estudís Histórics que nos acogen hoy en esta magnífica sala, a la Fundación Lluís Carulla, a la Fundación Paco Candel y a su presidente Pere Baltà, que tuvieron a bien incluirme en la programación de este quincuagésimo aniversario de Los otros catalanes objeto de esta celebración.
— a mi colega el doctor Michel Landron, cuya reciente y brillante tesis doctoral sobre la memoria de la transición democrática en la obra de Francisco Candel, ha sacado de la oscuridad un viejo trabajo mío de los años setenta.
— a mi maestro, el doctor Albert Bensoussan, traductor de renombre y su esposa Matilde Tubau,, gran catalanista, galardonada con la Creu de Sant Jordi en 1993, amigos de Candel los dos, que me hicieron descubrir al escritor y me permitieron encontrar al hombre.
— y finalmente y antes que todo a Francisco, « el Candel » quien es motivo y objeto de esta ponencia.

También quisiera subrayar la relativa injusticia de que Francisco Candel haya logrado la notoriedad como ensayista mientras que ha escrito dos veces más novelas, novelas cortas y cuentos que ensayos.

El caso es que después del escándalo que le cayó encima en 1957 con su novela Donde la ciudad cambia su nombre, le tocó la celebridad siete años más tarde con el ensayo-reportaje de Els altres catalans, llevándolo por una corriente que acabará por hacer de él un icono de la catalanidad en vez del novelista famoso que anhelaba ser.

Sorpresas y paradojas de la historia y del éxito.

Me toca evocar ahora cuál ha sido mi relación con su autor. Más bien corta, como verán, pero sin embargo intensa y rica de recuerdos y sentimientos. Permítanme remontar primero a los orígenes.

En el año 63, mis padres me matricularon al curso de verano para extranjeros de la Universidad de Zaragoza, que como sabrán, se daba y sigue dándose en Jaca, la perla aragonesa del Pirineo.

Allí, de los profesores que tuve, recuerdo a tres: al doctor José Manuel Blecua Teijeiro, por cierto, que nos enseñaba literatura, al doctor Félix Monge Casao que nos impartía gramática y al doctor Tomás Buesa Oliver que nos daba las clases prácticas. Y este último, como libro de estudio, nos había puesto El viaje a la Alcarria de Camilo José Cela. Fue toda una revelación para mí su estilo tan contundente como lo fue también el género del libro de viaje.

No pasó de ahí la cosa.

Basta de digresiones, al grano, al grano, diría el Candel.

Pues, seis años después, en 1969, cuando terminaba la licenciatura, nos dio el profesor Bensoussan un curso sobre « la novela espanola de la posguerra » en el que distinguía a dos generaciones: la de la misma posguerra que comenzaba con Cela y su Familia de Pascual Duarte en 1942 y terminaba con Rafael Sánchez Ferlosio y El Jarama en 1955. Y la denominada generación del medio siglo en la que, al lado de Delibes y Lera, aparecieron escritores como Pacheco, Ferres, Grosso, Salinas, Alfaya y… Candel, nos decía, echando una mano a un amigo. Pero tenía toda la razón.

Y se daba el caso de que un denominador común a todos ellos era su afición por el relato de viaje.

Así me fui leyendo al alimón de Campos de Nijar, Caminando por las Hurdes, Por el río abajo, Tierra de olivos, y… Viaje al rincón de Ademuz.

Aquella fue mi puerta de entrada a la obra de Francisco Candel. El único libro de viaje que haya escrito, lento retorno a los orígenes publicado en en el fragor de 68. Estrambótico, no ? Después me leí dos o tres libros suyos más. Donde la ciudad cambia su nombre por cierto, y Los otros catalanes, claro.

Fluyeron tres años.

Por aquellos tiempos, ya era catedrático en un instituto de Saint-Brieuc, pero desde hacía dos años impartía algunas horas extra de traducción y literatura en la Facultad de Letras de Rennes y buscaba cómo quedarme ahí con puesto fijo.

El 8 de diciembre de 1972 me escribía Albert Bensoussan, entonces director del Departamento de Español: « En el actual estado de inseguridad de los adjuntos de la enseñanza superior, la mejor garantía de titularización queda el doctorado de estudios ibéricos. Ser doctor es ser automáticamente inscrito en la lista de aptitud para las funciones de profesor ayudante. Pienso que esta tendencia no hará sino confirmarse… » Y añadía:

« A propósito de Francisco Candel, no creo que su obra baste para justificar una inscripción de doctorado de estado en Letras, en cambio sí conviene perfectamente para un doctorado de estudios ibéricos ».

Sin duda alguna, lo que mejor define a Paco Candel como persona es su enorme capacidad de empatía con la gente. Como prueba, su respuesta, el 20 de febrero de 1973, a mi primera carta un tanto protocolaria de toma de contacto:

« Apreciado amigo: Puedes llamarme Paco y tutearme, como yo lo hago, pues si eres amigo de los Bensoussan, también lo eres mío. Además te agradezco profundamente tu admiración y benevolencia con mis libros. Al mismo tiempo me enorgullece el que dediques tu tiempo al estudio de mi obra, en ese aspecto lingüistico y estilístico que tú dices. O sea que por mí, no hay inconveniente de ninguna clase sobre lo que piensas hacer y puedes pedirme todo lo que sea y preguntarme lo que quieras... Un cordial y fuerte abrazo. »

Con motivo de este trabajo, preparé una entrevista al autor Veinte preguntas a Francisco Candel que se ha publicado en la revista Les Langues Modernes en 1976 y que no voy a detallar aquí. Y para realizarla, emprendí un viaje a Barcelona en abril de 1973. Encontré a Paco y su familia en el ático de la calle de la Fundición, pero también me llevó a su antiguo piso de la calle Ferrocarriles catalanes, donde trabajaba y que estaba atestado de libros.

Fui recibido como un viejo amigo de la familia, comí con ellos, nos hicimos fotos juntos y me despedí a los pocos días como una relación de toda la vida.

Tras leerme toda o casi toda la producción del Candel hasta el año 73, escogí centrar mi estudio en su novela de 1957, cronológicamente la tercera, Donde la ciudad cambia su nombre. Por qué ?

En la ponencia doctoral lo resumía en una fórmula : por interés por un hombre, por un libro y por un estilo que salían de lo ordinario :

Y lo explicaba así:

« — procedente de las capas más populares de Barcelona, autodidacta, habiendo empezado a trabajar a los 16 años como pintor sobre cerámica, Francisco Candel es hoy senador por Cataluña y mientra tanto ha escrito unos cuarenta libros que abarcan todos los généros. Ignorado por la crítica, muchas obras suyas han sido reeditadas. Ya es una trayectoria fuera de lo ordinario.

— « Donde la ciudad cambia su nombre » no es sino un testimonio sobre el barrio en el que vivía por entonces, un suburbio barcelonés, al pie de Montjuich. Su autor pensó pues que esta gente abandonada no leería su libro y conservó los nombres reales de la mayoría de sus « personajes » y todas las anécdota eran verídicas. Pero quiso la casualidad que circulase el libro por el barrio, que la gente se reconociera y se pusiera hecha un basilisco. Salió el caso en primera plana, en las antenas de radio y hasta ante la justicia. Resultó prohibido el libro durante 4 años. No es algo que le pasa a cualquier novela.

— El escándalo hizo que la crítica se interesara por este autor novel y leyera el libro. Descubrieron que el autor escribía como se habla, con las palabras de cada día, tacos incluidos y con la sintaxis callejera, llena de incorrecciones. Y puso el grito en el cielo. Había que devolver a este analfabeto de barrio a sus estudios. Pero las pocas voces que reconocieron el talento tenían razón y el público avaló esta opinión. Por eso, como decía Paco: « esa novela es una de las obras que mejor aguanta el tipo entre todas las mías. » Tales fueron las razones de mi elección. »

A partir de ahí empezamos una correspondencia episódica, con miras prácticas esencialmente. Le interrogué sobre problemas lingüísticos y para solicitar recortes críticos y referencias de libros. Colaboró con total benevolencia.

Así preparé un doctorado de lengua y literatura española, titulado Experimentación lingüística y creación novelesca sobre aquella obra de Francisco, con bastantes demoras, que no interesa detallar aquí, y la defensa de tesis tuvo lugar seis años después, el 14 de diciembre de 1978, ante los profesores De Meñaca, Bensoussan y Gagnepain.

A pesar de un sobresaliente, marcaba el final de mi corta carrera universitaria.

En efecto, mi candidatura a un puesto de profesor adjunto ya había sido rechazada por dos veces, la segunda por falta de un voto, se había impuesto la obligacion de residencia a los docentes de universidad y mi familia no quería mudarse de Saint-Brieuc a Rennes. Opté entonces por seguir otros caminos, los del compromiso y de la acción política. Quince años en listas municipales de izquierda, por el partido socialista, con interrupciones, hasta que en 2001, una traición durante una campaña me movió a abandonar la política activa.

Se ve, pues, que como el Candel, aunque a nivel más modesto, en ese tema, pasé de la ilusión a su contrario.

Mientras tanto, profesionalmente enseñaba en el mismo instituto de barrio desde 1971. En 1993 tuve la oportunidad de trasladarme a uno del centro, con clases postbachillerato, preparatorias a la licenciatura y ahí terminé mi carrera en 2007.

Recuerdo haber utilizado regularmente diferentes textos de Francisco Candel en mis clases de traducción con estos estudiantes, en particular aquel artículo titulado Viviendas de ahora que le inspiró su instalación calle de la Fundición y que figura en Apuntes para una sociología del barrio de 1972. Atinado y jocoso y pero difícil de pasar al francés. Este periodo me trae a la memoria una anécdota que me ha dejado un sabor un tanto amargo.

El 24 de abril de 1994, yo escribía al Candel esta carta que sólo dos personas conocen : Amigo Candel:

Me da mucha vergüenza escribirte estas líneas después de tanto silencio (creo que no he vuelto a saber de ti desde la publicación de tu diario senatorial en 1979 y son quince años ya) y sin duda no me hubiera atrevido a hacerlo de no haber querido encontrarte la hija mía portadora de esta carta.

Parece destinarse a una carrera de profesor de castellano como su padre y este año cursa aquí conmigo lo que se llama « letras superiores » como preparación al segundo año de licenciatura en la facultad de Rennes.

Así es como después de estudiar en clase varios textos tuyos, le ha dado por conocerte, con motivo de su segundo viaje a Barcelona con otra estudiante, amiga suya.

Recuerdo que lo mismo me pasó a mi cuando estudiaba bajo la dirección de Albert Bensoussan. ¿Será verdad que la historia vuelve a pasar los platos ? No he querido mesnoscabar lo que puede ser el principio de una vocación y por eso redacto esta carta de introducción.

Te agradezco de antemano los consejos que puedas darle para descubrir mejor tu ciudad durante esta semanita. Ya le darás las noticias tuyas que creas oportunas y ella te dará las mías.

Un cordial y fuerte abrazo.

Pero yo había perdido el número exacto de la dirección de la calle de la Fundición, el Estatut le había modificado el nombre, el panorama urbano había cambiado mucho en esta zona, o desistió de su proyecto mi hija a la hora de la verdad, no recuerdo bien, pero lo cierto es que esta carta nunca llegó a su destinatario.

Todavía lo siento. porque de ahí en adelante no me atreví a volver a tomar contacto.

Pero no quisiera terminar esta parrafada sin evocar la mayor influencia que ha tenido en mi vida la figura y obra del Candel, aunque parezca un poco presumido: la de mi orientación como escritor aficionado de novelas cortas.

Cuando cumplió su primer año mi hija mayor en 1973, se me antojó escribirle una carta imaginaria en castellano, que había mandado a Francisco para que me diera su opinión y el 24 de agosto de 1975 me contestaba: « Me gustó mucho tu relato sobre tu hija. Es muy tierno, muy dulce y te llenas de ternura lleyéndolo y acordándote de parecidas experiencias. No sé si tienes copia y lo necesitas. Ya me lo pedirías si así fuera. Entre tanto lo guardo yo. »

De cierta manera, él me dio el visto bueno para escribir en castellano.

Y quiero, para terminar, contarles otra anécdota, más triste aquélla, que tuvo lugar en el ano 79, cuando murió mi abuelo materno. Los detalles de su fin por varios aspectos recordaban un capitulo de Donde la ciudad cambia su nombre, el titulado El tio Serralto, de cómo murió. Resumiendo: un viejo que ninguno de sus hijos quiere acoger para que se muera en paz. Así fue como le puse el titulo paródico de « El tio Adolfo y de como murió » cuando escribí en 2006 un relato sobre la muerte de este abuelo mío, relato que pasé al castellano en 2009. Tiene tres dedicatorias cuya primera es: A Francisco Candel que me dio ganas de escribir. (La segunda va a un colega y escritor amigo mío que me puso en el camino del cuento y la tercera a Albert Bensoussan que ha sido el primero en animarme).

Hoy en día, bajo el seudónimo de Pierre-Alain GASSE, mis otros dos nombres de pila y apellido materno, cuento en mi haber un centenar de cuentos y relatos, la mitad en doble version, española y francesa, difundidos esencialmente por Internet desde 1998 y algunas recopilaciones en papel e e-books.

De Francisco, he aprendido entre otras cosas, el manejo del diálogo, el uso de la anáfora, de la enumeración y de la repetición, de la coordinación y la yuxtaposición. Creo también compartir su gran benevolencia para con sus personajes, su implicación del lector en el relato, su sentido del humor… en fin un montón de cositas que acaban por configurar un estilo.

Éstas son, estimado público, las curiosas y verídicas sendas por las que ha discurrido en mi vida la obra e influencia de Paco, a pesar de haber sido lo nuestro una amistad truncada por los azares de la vida y cierta pereza mía.

De él me quedaban, antes de la llamada de Michel que lo despertó todo, un mamotreto polvoriento, unas cuantas cartas, unas fotografías, una caja de libros y bastantes pesares. Citando un capítulo de Los otros catalanes diré con él que « los hombres somos hoscos y huraños y nunca tenemos entre nosotros esa larga y puntualizante conversación que, cuando alguien muere, nos arrepentimos de no haber tenido ».

Los organizadores de esta jornada me han dado la oporunidad de poner todo esto en claro y se lo agradezco de todo corazón.

Paco, mejor que nadie cumpliste a rajatabla con la famosa máxima de Cela : «La más noble función de un escritor es dar testimonio, como acta notarial y como fiel cronista, del tiempo que le ha tocado vivir ». Allá donde estés, un fuerte abrazo y ¡cualquier dia de éstos nos vemos!

Moltes gràcies a tots per la seva atenció i paciència.

Pordic, Bretaña, mayo de 2014 - Barcelona, 2 de julio de 2014.

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